Nuestra forma de viajar es una parte tan importante de cómo somos que traza nuestra elección de amigos y de pareja, los destinos que nos interesan y las actividades que preferimos. Cómo viajamos nos describe. El proyecto de Chozuela nació de tener muy clara esta premisa, ofreciendo un alojamiento para una forma de viajar activa, con interés por lo natural, lo cultural y lo deportivo. Impulsado por una pareja de Álora (Málaga), el proyecto requería de una identidad y una dirección de arte que transmitieran estos conceptos, así como el carácter natural y pausado del alojamiento, su conexión con el paisaje y la experiencia local auténtica que proporciona.
Las relaciones largas son las que permiten alcanzar mejores resultados.
Chozuela es un proyecto que surge del interés de sus propietarios por ofrecer un alojamiento para una forma de viajar que ellos mismos comparten. La idea era poner el destino en el centro del proyecto, formulando una propuesta muy concreta de hospedaje para aquellos viajeros que se acercan a Álora (Málaga) interesados por su paisaje, su cultura local y las múltiples posibilidades de actividades que ofrece su entorno natural. Lucía y Rafael son dos aloreños, o perotes, como se llama popularmente a los locales, con una sensibilidad especial por su tierra a la que Narita debía dar forma y relato.
El proyecto
Debido a la condición tan inherente al territorio del alojamiento, su identidad requería, por un lado, de un naming que fuera capaz de establecer una conexión distintiva con Álora. Por otro, el proyecto pedía la construcción de una narrativa y una dirección de arte que enfocaran en su esencia como alojamiento para viajeros, solos o en grupo, interesados en vivir la experiencia de explorar este rincón de Málaga y su cultura local desde un espacio tranquilo y natural en el que conectar.
Implantación
Chozuela es una zona especialmente pintoresca de Álora, situada en las faldas del monte Hacho. Su nombre proviene de las antiguas chozas rústicas y humildes que había en este lugar, que se utilizaban como refugio en el campo ante las inclemencias del tiempo. Esta voz local, unida al carácter como refugio del alojamiento, se revelaba como un naming perfecto para conectar el proyecto con la historia y la identidad del territorio.
Con la narrativa, la dirección de arte y el material fotográfico, ahondamos más en el perfil del potencial cliente. Ese viajero, que puede ir solo, en grupo o en pareja, pero que comparte valores como la tranquilidad, la preferencia por un entorno natural y un descubrimiento auténtico de lo local. De ahí el claim “Casa de viajeros”, que potencia la conexión con el espíritu de aquellos a los que les mueve conocer y una forma de viajar activa, pero también descansar y conectar.
La dirección de arte de la fotografía puso el foco, por un lado, en transmitir la serenidad y el diseño natural de los diferentes espacios del alojamiento, mostrando sus ambientes sosegados de estilo neorústico, que destacan por su carácter esencial, vernáculo y contemporáneo a la vez. Por otro, el entorno natural, en todo su esplendor indómito o rural, así como los rincones locales con encanto, legitiman tanto la autenticidad del lugar como de la experiencia.